Salud cognitiva
Prevención, investigación y futuro frente al Alzheimer

Salud mental. Romper el estigma

10 de octubre de 2025

Salud mental. Romper el estigma

VIERNES, 10 DE OCTUBRE DE 2025

No puedo hablar por experiencia propia, pero no me cuesta imaginar que, si hay algo peor que sufrir una enfermedad, es que además el enfermo tenga que esconderla. Ello ocurre no pocas veces, desde siempre.

En la Antigüedad, la lepra era vista como un castigo divino: quienes la padecían eran apartados de la comunidad, condenados al aislamiento. En la Edad Media, la epilepsia se atribuía a posesiones demoníacas, y las personas afectadas eran temidas o perseguidas. Ya en los siglos XVIII y XIX, las enfermedades mentales se escondían en manicomios, más por vergüenza que por tratamiento; la sociedad prefería ocultarlas antes que comprenderlas. Incluso el cáncer o el sida, durante buena parte del siglo XX, fueron enfermedades de las que no se hablaba en voz alta, por miedo, culpa o desconocimiento.

Cada época ha tenido sus «enfermedades prohibidas»: aquellas que no solo dolían, sino que también avergonzaban. Afortunadamente, cada vez quedan menos. Pero quedan. Y todos sabemos cuáles son: las enfermedades mentales y algunas enfermedades cerebrales o neurodegenerativas, como el Alzheimer.

Un rechazo -a menudo no reconocido- de la sociedad hacia aquellas enfermedades que cursan con trastornos del comportamiento hace mucho más difícil la vida de quienes las padecen. Y también la de sus familias. Qué difícil, pero qué necesario, es socializar cuando se convive con estos tipos de enfermedades. No hay peor enemigo que el aislamiento. El aislamiento de quien sufre, que teme no ser comprendido. El de quien acompaña, que no sabe cómo actuar. Y, de fondo, el de una sociedad que aparta la mirada porque la enfermedad le incomoda.

La salud mental y la salud cerebral no deberían ser territorios distintos. Ambas forman parte de una misma realidad: la de un cerebro que siente, recuerda, se emociona y, a veces, se quiebra. Cuidar la mente y cuidar el cerebro son, en el fondo, la misma tarea: la de preservar lo humano.

Solo podremos considerar nos una sociedad verdaderamente avanzada cuando seamos capaces de empatizar -sin lástima- con quienes ya no recuerdan quiénes han sido y han perdido el control de sus personalidades.

Romper el estigma es una responsabilidad individual. Hablar, comprender y acompañar son los primeros pasos para construir una sociedad más humana, donde ninguna enfermedad tenga que esconderse.

MARGARITA OLIVA VIVAR Presidenta Fundación Rosa María Vivar 

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